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jueves, 6 octubre 2022

El apego y las parejas

Como seres humanos, y a diferencia de otros seres vivos, nuestros bebés nacen en un estado de absoluta vulnerabilidad y, por tanto, necesitan de aquellas personas que les rodean para ser cuidados y sobrevivir. Del mismo modo, nuestro cerebro necesita la estimulación de otro ser humano para desarrollar correctamente todas las capacidades y estructuras y, de esta manera, entrar con éxito en la vida adulta.

El apego es un sistema motivacional y conductual que se desarrolla con el objetivo de orientar al niño o niña en el establecimiento de una relación afectiva, estrecha, estable y significativa. Con ello, el bebé se asegura la cercanía de sus figuras de apego, especialmente en los momentos de mayor necesidad.

Durante el proceso de apego no solo se construye un vínculo afectivo que tendrá su impacto en las relaciones que la persona tenga de adulto, sino que también se adquieren las habilidades o competencias para, por ejemplo, discriminar emociones, regular los estados emocionales, verse a uno mismo como un ser diferenciado y empatizar.

El apego en las relaciones de pareja. Foto: Pixabay

Teniendo  en cuenta la importancia probada del sistema de apego, no es de extrañar que los niños o niñas que no han tenido la posibilidad de establecer estos vínculos de apego tengan, en su edad adulta, ciertos déficits, en especial en el ámbito de sus competencias sociales.

El apego en las relaciones de pareja

Los trastornos de apego que se generan durante la infancia repercuten directamente en las relaciones de pareja, relaciones en las que se activan los modelos de apego aprendidos en los primeros años de vida. De hecho, podemos diferenciar tres tipos de apegos en función de las conductas implicadas en cada caso:

  • Seguro
  • Inseguro evitativo
  • Inseguro ansioso ambivalente

Cada uno tiene sus propias características y distinciones. Por ejemplo, en el caso del apego seguro el adulto responde a las necesidades del niño o niña de forma consistente, estable y segura y, como consecuencia, estos crecen confiados y seguros de sí mismos y de los demás. Por el contrario, en los apegos inseguros nos encontramos con figuras rígidas e inflexibles que muestran conductas de rechazo u hostilidad ante la expresión de las necesidades del bebé.

Los estilos de apego y cómo ha sido nuestra relación con las figuras de referencia en los primeros años de vida determinan, en gran medida, nuestra forma de relacionarnos en la vida adulta, afectando notablemente a las relaciones de pareja.

Numerosos estudios han demostrado la relación entre la seguridad en el apego y la calidad de las relaciones de pareja. Estas pueden verse afectadas de diferente forma en función del tipo de apego que hayan experimentado los miembros de la pareja, que puede ser similar en ambos o totalmente opuestos. Teniendo en cuenta todos estos datos, no es de extrañar que la teoría de los apegos sea una de las perspectivas teóricas más populares y con más influencia en el campo de la investigación sobre las relaciones cercanas.

Laura Pol

Directora del Gabinete de Orientación y Formación Pol Bolaños, Coach Experta en Igualdad, Violencia de Género y Transformación Personal.

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Fotos: Pixabay

Laura Pol
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