La magia de transformar trapos en muñecas

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Pilar González Pino se crió entre agujas, trapos e hilos. Su madre, doña Josefa, mujer que regalaba humanidad a su paso, crió una prole de chicos a base de administrar el ajustado sueldo de su marido militar y de hacer de costurera en la época de la España difícil. Cinco niñas y dos niños formaban la familia; no era cuestión de dejar pasar el tiempo y la mamá hacía, después de sus tareas en casa, ropas, ya fueran nuevas o arreglos de otras usadas, por encargo, tras darle vueltas a los trapos una y otra vez. Tenía tanto trabajo que sus chicas aprendieron la profesión y aunque tomaron ocupaciones diferentes, cuando llegaban a casa echaban una mano con las agujas, que con el tiempo manejaron con maestría.

«Son las muñecas de siempre, con las que jugábamos cuando niñas»

Cuando las cosas fueron mejor se ocuparon de hacer uniformes para las niñas de los colegios de las monjas, y como no había quien se atreviera con los jerséis se endeudaron, lo que no tenían y a base de letras para comprar las máquinas industriales de tricotar que todas ellas manejaban con destreza.

En aquella casa de Ciudad Jardín siempre había gente que entraba y salía, niñas que venían a medirse, a probarse o simplemente a llevarse el trabajo terminado. Luego llegaron los grandes locales comerciales y las empresas multinacionales y acabaron con aquellos puestos de trabajo. Las máquinas caseras desaparecieron y se acabó el trabajo familiar.

La magia de transformar trapos en muñecas

Pili, tercera de las hermanas y hoy abuela de cinco nietos tiene carnet de Artesana de la FEDAC, hace ropa de niñas y muñecas de trapo que llaman la atención en los mercadillos de Vegueta, o allá donde se desplaza junto a sus compañeros artesanos. Amablemente nos atendió para esta entrevista con L&B Actual:

Y por aquello te vino la afición, creo yo…

Sí, indudablemente. Mi madre tenía un don especial. Nadie tenía más arte que ella. Se encargaba de colocar las bocamangas con una habilidad que no conseguíamos imitar. Era un don natural. Nos guiaba y asesoraba en cómo trabajar y cundir más. Era una verdadera artista y mis hermanas y yo aprendimos de ella todas aquellas destrezas. A veces me digo que también es cosa de genes, pues hoy todas y algunas de nuestras descendientes son artistas, nos manejamos estupendamente en ese terreno.

La magia de transformar trapos en muñecas

¿Desde cuándo y por qué te hiciste artesana?

Mi hermana Adela trajo en una ocasión de La Florida (USA), unos muñecos de tela que servían para meter las bolsas de plástico y que se colgaban en las cocinas. Estaban de moda allá. Adoptamos la idea y con retales que compramos nos dedicamos a hacerlas mucho más creativas y lindas que la original. Las vendíamos por encargo, pues tuvimos mucho éxito. Entonces, vimos que aquello funcionaba y nos dedicamos a hacerlas con trapos de distintos colores y formas. Quedaron muy bonitas. Así comenzó todo. Me presenté a las pruebas de la FEDAC y tras aprobar íbamos a venderlas a los mercadillos. Fue un comienzo muy esperanzador e ilusionante. Me distraía y pasaba el tiempo haciendo lo que me gustaba.

¿ Y de allí a otras tareas?

Bueno. Se me ocurrió completar el puesto con muñecas de trapo que hago de diferentes tamaños, muy bonitos. Son las muñecas de siempre, con las que jugábamos cuando niñas. Las hago distintas y con mucho colorido. Voy adquiriendo telas que uso para la que voy confeccionando y empleo los recortes en otras y les pongo el pelo de lana, así no desperdicio nada. Las muñecas son muy creativas. Hay coleccionistas y también personas que las regalan a sus hijas, para santos, cumpleaños o Reyes, teniendo en cuenta que son como aquellas con las que jugaron cuando las mamás eran pequeñas.

«Sería loable que nos pagaran por el tiempo que le dedicamos al trabajo, pero eso es una utopía»

También veo que haces vestidos y otros detalles para los más pequeños…

Pues sí. Hago para los dos sexos, pero más para niñas que para niños. Son vestiditos todos distintos, únicos y exclusivos. Las chicas quedan preciosas con sus trajitos. Los hago para edades hasta los seis o siete años. Tengo de distintas tallas, pues los llevan o los encargan allí mismo. Por aquello que te decía de los genes, también tengo una hija que dibuja muy bien y hace una blusas muy lindas que también expongo. Hago todos los complementos en tela: diademas, bolsitos, pulseras, un sinfín de detalles…  

Pili, perdona que te pregunte algo: ¿realmente este trabajo está bien pagado y puedes vivir de ello?

Se ríe y me contesta: Nunca he podido vivir de esto. Es una afición y gasto en comprar el material que veo y me gusta, luego vendo lo que va saliendo. Date cuenta de que pagamos puesto e impuestos y los artesanos no trabajamos por horas. Sería loable que nos pagaran por el tiempo que le dedicamos al trabajo, pero eso es una utopía. Somos enamorados de nuestro hobby. Nos evadimos creando piezas que hacemos realidad. Es un sueño que cumplimos y que nos entretiene.

La magia de transformar trapos en muñecas

Tengo dos habitaciones de mi casa que dedico a este menester y lo puedo hacer pues ya estamos mi marido y yo solos en casa, si tuviéramos a los niños en nuestro hogar sería otro cantar. Empleamos tiempo de trabajo y fines de semana cuando vamos al mercadillo de la FEDAC, ya sea en Vegueta o en cualquier lugar de la isla que nos lo pidan desde el Cabildo Insular. Por eso te decía que ese gusanillo está en los genes.

Bueno, ¿y ahora que tienes en mente para poner más lindo tu stand?

Sabes que con esto del coronavirus y esta situación me he dedicado a hacer mascarillas y las hago muy bonitas, pues las telas que empleo son escogidas. Me hice unas para mí y otras para mi familia, y las personas que las han visto pues se han quedado encantadas y me las piden. Son muy bonitas y fuera de lo común.

En este mundo tienes que renovarte continuamente y pensando qué hacer para que guste a nuestra clientela. Siempre habrá algo nuevo que llame la atención, pero no me gusta adelantar hasta que se expongan, así que aprovecho esta oportunidad que me das para invitar a todos a que se den un salto al mercadillo de Vegueta, en la Plazoleta del Pilar, que seguro se llevarán algo distinto y hecho con cariño de la mano de una artesana.

Si quieres conocer el trabajo de otras artesanas, pincha en este enlace: https://www.landbactual.com/claudia-diaz-la-libertad-de-expresarse-con-la-ceramica/

Creo que tiene razón Pili, es cuestión de genes y de dones especiales para materializar las obras que los artesanos realizan. Ella es un magnífico ejemplo de buen hacer y de tradición familiar.  

Texto: Martha Schoner

Fotos aportadas por Pili González Pino

                                                                                                 

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