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martes, 13 abril 2021

Los Reyes que no eran magos

Cuando Rosaura era pequeña le contaron que la Navidad y los Reyes Magos eran obra de la propaganda enemiga para desestabilizar el gobierno. De manera profiláctica, el arbolito y el nacimiento fueron sustituidos de la noche a la mañana por dibujos animados rusos en blanco y negro que hicieron llorar a mares a toda su generación. Unos que se hacían pasar por reyes llegaban en barco desde la lejana Eurasia, durante el mes de julio, y dejaban en el almacén de la tienda del pueblo un montón de cajas repletas de juguetes fabricados en China.

«Los dibujos animados rusos se convirtieron en magnates capitalistas»

Reyes Magos. Foto: Marina Port Premiá

No era necesario escribirles una carta, Rosaura solo debía cruzar los dedos para que en aquel sorteo que hacían en el parque municipal, no le tocara comprar los tres ansiados juguetes el último día. Para entonces la mercancía prácticamente se habría agotado y tendría que conformarse con un trompo, un juego de palitos chinos y un cocodrilo de goma.

Pero, cuando eso sucedía y para mitigar su frustración, su madre le había regalado Las aventuras de Tom Sawyer, libro que ella leía compulsivamente buscando consuelo en el triángulo amoroso Tom-Becky-Amy. Desde entonces se aficionó a la lectura y a la escritura, así que cuando cumplió los trece años guardó en el trastero los pocos juguetes que le quedaban y escribió su primer poema: una décima inspirada en el imperialismo yanqui. 

Han pasado muchos años desde entonces y los Reyes que nunca fueron magos dejaron de traer juguetes desde la lejana Eurasia y han devenido fósiles adheridos al trono. Los dibujos animados rusos se convirtieron en magnates capitalistas y Rosaura, que ahora vive en la sociedad de consumo, necesita una consulta mensual con el psicoanalista por una rara adicción a las jugueterías y por un sueño recurrente: tres Reyes Magos uniformados la persiguen, cada seis de enero, para que vuelva a recitar en el patio del colegio aquel poema dedicado al imperialismo.

Si quieres leer otras historias de ficción, pincha en este enlace: https://www.landbactual.com/la-gorda/

Fotos: Diario del Viajero/Marina Port Premiá

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Me llamo Belkys Rodríguez Blanco. Sí, un nombre muy parecido al de la reina de Saba, pero soy periodista. Me gradué en la Universidad de La Habana, en la era de la máquina de escribir alemana. Como el sentido común manda, me he reinventado en este fascinante mundo digital.
Escribo desde los once años y ahora soy una cuentacuentos que a veces se dedica al periodismo y, otras, a la literatura. Nací en Cuba, luego emigré a Islandia y ahora vivo en Gran Canaria. Estoy casada con un andaluz y tengo un hijo cubano-islandés. Me encantan los animales, la naturaleza y viajar. En resumen, soy una trotamundos que va contando historias entre islas.

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