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martes, 28 septiembre 2021

Mujereando: el hogar en un escenario

 

Carmen no conseguía olvidar aquella mirada de terror, tanta tristeza en un solo rostro. Corría el año 2013 y apenas comenzaba a trabajar con personas sin hogar como trabajadora social. Desde el primer día cambió todo cuando vio llegar a aquella diosa derrotada.

“Acababa de perder su casa y era la primera noche que tenía que dormir en la calle…ahí comprendí, que perder el hogar, es de las cosas más horribles y dolorosas que pueden sucederle a una persona”. Muy pronto Carmen Tamayo, encontraría la forma de hacer coincidir sus pasiones: el trabajo social y el arte dramático. Quería visibilizar a las mujeres sin hogar.

Se percató de la relación directa entre las mujeres sin hogar y la violencia machista, así como de las desigualdades que se expresaban a través de cada caso. “Me di cuenta de que necesitaban un espacio donde soltar todo ese dolor, donde se sintieran protegidas y no juzgadas”. El trabajo partía de entenderse entre ellas mismas. “En la calle hay mucha rivalidad”, me dice, “necesitaban un espacio donde ellas puedan verse como compañeras y como amigas”. Para construir ese entorno seguro no necesitaban otra cosa que ayudarse. Así surgió Mujereando.

Antes que compañía de teatro, red de apoyo

Comenzaron encontrándose una vez por semana. Acudían recelosas a compartir el dolor de todo aquello que les ocurría. La peor cara de la vida se les aparecía en las calles, entre desconocidos, y sin un techo sobre la cabeza para dormir tranquilas. Descubrieron que no padecían solas aquellas experiencias, y que alguien en aquel lugar podría entenderlas al fin.

“Si para un hombre es duro, para una mujer es muchísimo peor; son mucho más vulnerables, sufren una doble exclusión, el ser mujer y el vivir en la calle. Por este motivo propuse abordar desde una perspectiva de género esta problemática, y que mejor manera que a través de mi pasión, el teatro”.

El teatro como recurso sanador, así se lo planteó Carmen Tamayo cuando creó esta compañía de teatro con actrices no profesionales, mujeres sin hogar.

“Al principio nadie apostaba por esta locura de utilizar el teatro como motor de cambio, como herramienta terapéutica. Pero muy pronto empezaron a verse los resultados, con cambios muy notorios y beneficiosos para las 47 mujeres que han participado en el proyecto”.

«un espacio donde soltar todo ese dolor»

Rosa, Emilia, Macarena, Tamara, Charo, África, Candela, Pilar son algunas de ellas. Todas acumulan episodios de dolor, de familias rotas, de abuso o violencia. Cada una aporta matices y experiencias que expresan a través del teatro, pero en algo coinciden: “esto le puede suceder a cualquiera”.

“El proyecto comenzó sin grandes pretensiones, pero poco a poco fue creciendo y fuimos creando propuestas pequeñitas nacidas desde la creación colectiva. Con nuestras creaciones empezamos a apreciar, que además de aliviar su dolor y sanar, también llegábamos al gran público, al cual conseguíamos modificar. El secreto de todo ello es, que los textos salen del alma y se trabaja desde la verdad”.

El trabajo social y artístico de Mujereando se desarrolla en Sevilla. El colectivo de las personas sin hogar precisa recursos y estos están hechos “por hombres y para hombres”, explica Carmen Tamayo mientras insiste en que solo puede aportar datos sobre la situación de este colectivo en Sevilla. Los equipos de emergencia social que apoyan a estas personas les aportan enseres básicos, alimentos y refugio temporal, pero nunca tienen en cuenta necesidades fundamentales para ellas. Compresas, bragas, medicación para los dolores menstruales.

El contexto es de exclusión, “las excluye la sociedad porque no las ve, y porque las etiquetas que les ponemos a las mujeres sin hogar son todavía más duras que las que les ponemos a los hombres. Son putas, son malas madres, sabrá Dios lo que habrán hecho”.

El compromiso institucional es escaso también, así como los estudios sobre las mujeres sin hogar. “Las instituciones también las excluyen porque no se está abordando desde una perspectiva de género, ni están dando respuestas adecuadas ni eficientes. De hecho por desgracia está aumentando el número de mujeres sin hogar y cada vez más jóvenes…cuando son víctimas de violencia de género muchas veces su testimonio no se tiene en cuenta”.

El resultado de Mujereando ha sido sorprendente incluso para ellas y su creadora Carmen Tamayo. La compañía está integrada dentro del proyecto Imagina Teatro de Cuenta3 Comunidad Creativa. Han recorrido escenarios de toda España con sus obras: ‘¿Por qué?’, ‘El Quejío de una Diosa’, ‘Invisibles’, ‘Etiquetas’, «todas surgidas de la creación colectiva y con un marcado sello reivindicativo y de calidad”.

 

“Para mí, estos años han sido un regalo del universo que quiero compartir con el mayor número de personas”. Pero Mujereando ha trascendido a sus propias expectativas iniciales. “El objetivo actual de ‘Mujereando’ es que sus integrantes puedan tener un hogar, para que cuando bajen del escenario, no tengan que volver a la dura realidad en la que siguen viviendo”

No he conocido lo que sucedió al final con aquella diosa derrotada que le miró con tristeza. Desde entonces a Carmen le motiva aportar soluciones. “Necesito que las conozcáis y hacer visible la realidad que sufren las mujeres sin hogar y que es tan desconocida para gran parte de la sociedad”.

 

Fotografía: Imágenes Perfil Facebook Mujereando. Canales de Youtube: Hogar Sí, Filmand Cine y Más

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Me llamo Leyanes Yanes, por inventos de mi madre y cosas de la vida. Había escogido ella el nombre para la hija que tendría desde su adolescencia y después conoció a mi padre, que casualmente tenía ese apellido. En fin, Yanes al cuadrado.

Nací en Cuba, pero soy más habanera que cubana. Después de emigrar a España en el año 2011 ya no me importa mucho de donde vengo. El mundo entero es fascinante, podría ser de cualquier sitio. Pero si no cuento que me gradué en La Universidad de La Habana no me lo perdonaría.

No concibo contar historias sin imágenes, así vivo, en imagen y sonido. Me encantan los puntos suspensivos, los animales, el “viajeteo” y soy urbanita sin dudas, pero vamos que un fin de semana en las afueras estaría bien.

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