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sábado, 4 diciembre 2021

Cómo convivir con la menopausia sin enloquecer en el intento

A veces me parece vivir en una película de terror, pero esta es una historia real. No sé exactamente cuándo comenzó a rondarme aquello que tenía todas las características de un ser malévolo llegado de otra galaxia que se había apropiado de mi cuerpo y poco a poco empezó a provocarme migrañas, insomnio, sudoración, ansiedad a ratos, tristeza a la caída de la tarde, despistes a toda hora, disminución del apetito sexual y para dar el puntillazo final: unas reglas dolorosas y abundantes como cuando tenía 15 años y mi abuelita me ponía paños calientes en el bajo vientre asegurándome que eso calmaría el malestar.

Mi imaginación suele ser fértil, demasiado, pero evidentemente no estaba poseída por ningún espíritu de otra galaxia. Aquello no era un film de Spielberg. Se trataba de un cambio real que estaba experimentando mi cuerpo mientras se acercaba a los 50 años de vida. ¿Acaso una enfermedad mortal me acechaba? Mis niveles de angustia se dispararon, sin embargo, antes de que mi anatomía comenzara a somatizar lo que rondaba por mi atribulada mente, y para no correr desesperada a la consulta del ginecólogo decidí visitar a ese sabio ser virtual que algunos llaman San Google.

Cómo convivir con la menopausia sin enloquecer en el intento. Foto: Pixabay

Ella estuvo siempre entre las posibilidades, pero desgraciadamente los humanos y en mi caso en particular, tenemos ese punto de dramatismo natural o heredado que nos hace pensar en lo peor. Y en una web especializada que hablaba de los síntomas de la menopausia vi retratado mi «cuadro clínico»: periodos menstruales irregulares, sensación extrema de calor corporal durante varios minutos (sofocos), dolores de cabeza intensos, irritabilidad, cambios de humor fuertes e inesperados y un largo etcétera que me indicaba que yo no estaba perdiendo el juicio ni estaba al borde de la tumba. El climaterio se había instalado definitivamente en mi vida, me gustara o no y debía aprender a convivir con él.

En su web la doctora Gómez Roig, especialista en Obstetricia y Ginecología, explica que la menopausia es un proceso fisiológico normal que se inicia habitualmente entre los 45 y los 55 años -cumplo 53 en breve-. En este proceso, la disminución de los niveles de hormonas que producen los ovarios, estrógenos y progesterona, causa cambios en la menstruación hasta que esta desaparece por completo -en mi caso, por culpa de un par de miomas inoportunos, la regla además de venir el día del mes que le viene en gana, fluye violentamente como el agua en una riada. Asunto que parece comenzar a resolverse con un dispositivo intrauterino (DIU) llamado Mirena, liberador de levonorgestrel. Además de prevenir un embarazo no deseable ni recomendable a mi edad, mejora la hipermenorrea (hemorragia menstrual intensa), y disminuye el tamaño de los miomas. A la espera de esto último estoy.

«No hemos perdido el juicio ni se nos ha acabado la cuota de salud, juventud y sexapil»

La doctora Gómez Roig también comenta que cuando la mujer llega a la menopausia puede tener los síntomas ya descritos o puede que no sienta nada. Me alegro infinitamente por las que pasan de una etapa a otra como quien cambia de vestido. «Algunas mujeres presentan síntomas leves y otras más severos. A medida que pasan los años estos también van cambiando de características e intensidad», asegura la especialista.

Tengo puesta toda mi esperanza en ese futuro no muy lejano en que el Mirena irá «engullendo» los miomas, mi regla abundante le dará una tregua a mi maltrecha hemoglobina, se marchará con un billete solo de ida y los paquetes y paquetes de compresas Evax noche con alas serán solo un lejano recuerdo. Prefiero lidiar con los sofocos, el insomnio, los fallos de la memoria y la irritabilidad. Para la disminución de la líbido siempre hay remedio y, además, mi marido es muy hábil y comprensivo, y eso ayuda.

Cómo convivir con la menopausia sin enloquecer en el intento. Foto: Vanidades

En un interesante artículo publicado por el diario El País, la redactora hace referencia al ginecólogo del hospital universitario Cruces de Bizkaia, José Luis Neyro, quien afirma que «un 20% de las mujeres pasan por su menopausia sin apenas enterarse. Son las más afortunadas. Del otro 80% restante, la mitad tiene una sintomatología ligera, con algunas molestias, acaso algún sofoco, pero sin que ello las lleve a perder calidad de vida». La cosa se pone seria para el resto: Casi 4 de cada 10 sufren lo que se conoce como síndrome climatérico, según Neyro, lo que se traduce en un conjunto muy variable de síntomas mencionados ya anteriormente.

«la menopausia no es sinónimo de vejez ni de enfermedad»

En ese mismo artículo se cuentan las vivencias de distintas mujeres que atraviesan por esta etapa de la vida. Mayte de 55 años le vienen los sofocos en los momentos más inoportunos y, sobre todo si está delante de un hombre, miente alegando una bajada de tensión. A Luisa de 58 años nadie le contó que un día llegaría la regla y tampoco que más tarde vendría la menopausia. El sexo se ha vuelto tan doloroso que ya no lo busca, «no le apetece», confiesa. Sufre sequedad vaginal, lo cual, según los especialistas, no es «causante directa de la pérdida de deseo», aunque hay que decir que la líbido sí decae. La buena noticia es que la sequedad vaginal tiene fácil remedio con la multitud de geles hidratantes que hay en el mercado.

María José de 59 años se siente afortunada: en vez de ganar peso, ha perdido kilos. Eso de que la menopausia engorda es un mito. Aunque se siente «un bicho raro», ella comenzó a cuidar más de su alimentación a partir de los 50, dejó de beber alcohol y se puso a hacer ejercicio. Cuando empezó con los síntomas ya había establecido la rutina, así que ahora no tiene ni la regla ni los 10 kilos que le sobraban.

Carmen de 72 años se refiere a sus piernas cuando le preguntan sobre los efectos secundarios de la menopausia. Los problemas en los huesos llegaron cuando se marchó la regla. Operada ya de una rodilla, no sale a caminar por miedo a caerse. En este sentido, los especialistas en osteoporosis recalcan que «la masa ósea, ese capital de minerales que dan resistencia a los huesos y que las mujeres van incrementando gracias a sus hormonas hasta los 25 o 28 años, también depende de los estrógenos. A partir de la menopausia, con el descenso de estas hormonas, se pierde masa ósea con cifras de entre un 2 y hasta un 5% cada año durante los primeros años».

Cómo convivir con la menopausia sin enloquecer en el intento. Foto: Mapfre

Cómo convivir con la menopausia sin enloquecer en el intento

El tema tiene mucha tela que cortar, pero esto es un artículo periodístico y no un tratado sobre la menopausia. Apoyándome en los planteamientos de los entendidos en el tema y en las vivencias de otras mujeres, he querido contar también mi propia experiencia. Tampoco es un decálogo para sobrevivir al climaterio sin enloquecer en el intento. Aunque a veces creo que estoy debutando con el síndrome bipolar o tengo tanto calor, yo que siempre he sido tan friolera, que quiero ir en bikini por la calle, les aseguro que la menopausia no es sinónimo de vejez ni de enfermedad. Es tan solo una etapa que hay que aceptar, hablar sobre ella sin vergüenza con amigas, amigos y parejas y hasta con el vecino si te ve por la calle mientras te asalta un sofoco y estás a punto de desmayarte.

Chicas, tengan mucha paciencia y jamás crean que están perdiendo en juicio por querer darle un puñetazo a la persona incívica que tira recipientes de plástico en el contenedor de la basura orgánica. Infórmense bien sobre el asunto con su ginecólogo o ginecóloga; hagan yoga, reiki, meditación, zumba, senderismo, sexo tántrico o el ejercicio que mejor les funcione.

A pesar de mis frecuentes cabreos con la insistente y abundante regla, aliada incondicional de los miomas, quiero mandar un mensaje muy positivo a las que padecen síntomas similares a los míos, y reivindicar el derecho de esas 4 de cada 10 mujeres a ser comprendidas, aceptadas y queridas cuando sufren sofocos en medio de una reunión de trabajo, cuando les dicen a su pareja que no les apetece tener sexo, cuando llegan al supermercado y se dan cuenta que han dejado en casa la lista de la compra, cuando lloran a mares porque a una amiga se le ha muerto el perro y más tarde se ríen a carcajadas con un buen chiste. No hemos perdido la cabeza ni se nos ha acabado la cuota de salud, juventud y sexapil. Somos sencillamente mujeres menopáusicas…¡Y a mucha honra!

Si quieres conocer otros problemas a los que se enfrenta la mujer en su madurez, pincha en este enlace: https://www.landbactual.com/poco-a-poco-se-fue-haciendo-invisible/

Fotos: Vida y salud/Pixabay/Vanidades/Mapfre

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Me llamo Belkys Rodríguez Blanco. Sí, un nombre muy parecido al de la reina de Saba, pero soy periodista. Me gradué en la Universidad de La Habana, en la era de la máquina de escribir alemana. Como el sentido común manda, me he reinventado en este fascinante mundo digital.
Escribo desde los once años y ahora soy una cuentacuentos que a veces se dedica al periodismo y, otras, a la literatura. Nací en Cuba, luego emigré a Islandia y ahora vivo en Gran Canaria. Estoy casada con un andaluz y tengo un hijo cubano-islandés. Me encantan los animales, la naturaleza y viajar. En resumen, soy una trotamundos que va contando historias entre islas.

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2 Comentarios

  1. Excelente artículo.
    Lo comparto . Porque cada una de nosotras tenemos uno o varios síntomas a la vez.
    Y es importante que entendamos que es lo natural. Pero además debemos pedir ayuda en caso necesario.

    • Muchas gracias, Leti. Cada mujer es un mundo, sí. Es importante aprender a conocernos para saber cuándo tener que pedir esa ayuda de la que hablas. Un saludo y gracias por compartir tu opinión con nosotras.

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