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viernes, 23 octubre 2020

Los cuentos son para despertar a los adultos

Daniel Martín Castellano es maestro y cuentacuentos.  A él le gusta escribir sus propias historias y por eso se convirtió en escritor. Asegura que “los cuentos no son para dormir a los niños, sino para despertar a los adultos”. Él está convencido de que la literatura infantil, los álbumes ilustrados, las sesiones de narración oral y las bibliotecas escolares llegaron un día a su vida para quedarse y llenarlo de regocijo.

Además de impartir clases en un colegio de primaria y hacer “suelta de cuentos” como narrador oral, Daniel tiene un blog titulado Animalec que se ha convertido en un espacio de encuentro con la Literatura Infantil-Juvenil. L&B Actual conversa con él sobre el mundo de los cuentos, la educación de niños y niñas, la lectura y también sobre la historia de una mujer que se hizo pirata, navega por los mares con brújula propia y es dueña de su barco.

«los cuentos no son para dormir a los niños, sino para despertar a los adultos»

¿Tu profesión de maestro de primaria influyó para que te convirtieras en escritor de Literatura Infantil-Juvenil y narrador oral?

Al principio sí. El que fuese maestro me llevó a la literatura infantil y a la narración, porque el aula es un laboratorio perfecto para contar, para experimentar, para ver las reacciones de los niños y las niñas de manera directa y rápida. Con el tiempo se han convertido en vasos comunicantes entre la escritura, la narración oral y la docencia. Todo se comunica y se alimenta una cosa de la otra. Hoy en día me ocurre, a veces, al contrario. La literatura y la narración oral me llevan a reflexionar cómo soy en mi trabajo de docente o lo que hago en el aula.

¿Por qué es tan importante contar un cuento a los niños y niñas?

Es importante porque los cuentos son un reflejo de lo que ocurre en la vida, pero contado de otra manera. Cuando contamos cuentos estamos dando nuestra visión del mundo. Yo siempre digo que los cuentos no son para dormir a los niños, sino para despertar a los adultos. El cuento es universal, es para quien quiera escucharlo, no tiene edad.

Los cuentos son para despertar a los adultos

¿Deben tener siempre una moraleja o un final feliz?

No, porque la vida nos enseña y somos nosotros con nuestras propias experiencias quienes seremos capaces de sacar nuestras enseñanzas particulares. A mí me encantan los cuentos abiertos y, como la vida misma, los cuentos deben tener diferentes finales. Ha sido un mal de la literatura infantil durante mucho tiempo, o una manera de entender la vida, de edulcorar demasiado los finales para que supuestamente un público infantil pensara que la vida era así.

La vida tiene muchas aristas, muchos puntos de referencia y es importante que la literatura los exprese también. Es una manera de hacer al público crítico, que sepa detectar qué es lo que quiere contar la historia, sin necesidad de que el autor tenga que decírselo de una manera tan explícita.

¿Qué lugar debe ocupar la lectura en el sistema educativo?

La lectura es el centro de todo lo que ocurre en un ámbito escolar, pero no solo la lectura de letras, sino la lectura de símbolos, la lectura de números, la lectura de lo que ocurre alrededor de tu espacio vital; el ser capaz de interpretar eso, de qué cosas son importantes y cuáles no, el comprender… La lectura no es solo el descifrado de un código, va mucho más allá y ese “mucho más allá” es lo que forma parte del día a día de la escuela.

Los cuentos son para despertar a los adultos

En tu último álbum ilustrado cuentas la historia de una mujer pirata que es dueña de su destino. ¿Qué piensan los niños y niñas de una chica que capitanea un barco?

Bueno, no les sorprende. Les sorprende mucho más a los adultos cuando leen la historia. Los niños y las niñas viven la vida de una manera diferente, tienen otro concepto del mundo que les rodea y, por lo tanto, les parece muy normal que una mujer sea dueña de su propio destino y no les resulta tan extraño. Lo importante de este libro o de un álbum ilustrado es que cada uno o cada una lo lleva a su propia vida, y podemos sustituir esa pirata por otros conceptos, otras ideas y la historia puede seguir funcionando.

¿Faltan personajes como la protagonista de tu cuento en la LIJ?

Indudablemente. Personajes como la pirata hacen falta porque, como decía antes, la literatura refleja lo que es la vida y la vida está llena de personas que quieren ser dueñas de su propio destino, y nos cuentan qué dificultades tienen para poder conseguirlo.

«la vida está llena de personas que quieren ser dueñas de su propio destino»

¿Cuáles han sido tus referentes en la literatura?

Me encantaría escribir como Roald Dahl, o haber escrito “Pipi, calzas largas”, o en Canarias estar cerca de gente como Pepa Aurora, Cecilia Domínguez, Joaquín Nieto, Lola Suárez, pero más que autoras y autores de LIJ mi referente es un género que es el álbum ilustrado. A mí me ha influido mucho en mi manera de escribir, en mi manera de ver la LIJ, como género en sí. Ese estilo de conjugar imagen y palabras para despertar nuestros sentidos, para enfocarlo hacia una literatura, esa manera de entender la literatura me ha influido a la hora de escribir prosa e, incluso, versos.

Los cuentos son para despertar a los adultos

¿Qué se puede hacer desde las aulas para que un futuro podamos tener una sociedad con igualdad de derechos y oportunidades para todas las personas?

Me gustaría hacer la pregunta al revés: ¿Qué puede hacer la sociedad para que las aulas puedan convertirse en espacios de igualdad de derechos y oportunidades? Los colegios no son la solución a todo lo que ocurre, la solución a todo lo que ocurre en nuestro entorno es toda la sociedad, la familia, el alumnado y el profesorado.

¿Qué podemos hacer todos juntos? A veces derivamos demasiada responsabilidad en los centros escolares. Soy maestro e intento enseñar y aprender lo mejor posible, pero a mi alrededor ocurren muchas cosas y estas son las que configuran la vida de las aulas. Entonces la pregunta es: ¿Qué podemos hacer todos y todas para que nuestra sociedad sea realmente un espacio más libre y de mayores oportunidades para todo el mundo, independientemente de dónde venga y quién sea?

¿Ha experimentado un cambio la LIJ en estos tiempos de pandemia?

La LIJ como literatura sirve para cualquier tiempo. En tiempos de pandemia cuando parece que nos estamos buscando más a nosotros mismos, donde parece que nos estamos haciendo más preguntas sobre qué queremos y qué buscamos, puede servirnos de referencia. Yo me he dedicado a leer libros que había leído hacía muchos años, a hacer una relectura y eso de alguna manera te ayuda a refrescarte o a hacerte preguntas sobres quién eres y qué es lo que buscas. La literatura como visión del mundo siempre nos ayuda y cuando hay una crisis yo creo que nos ayuda mucho más.

¿Cómo ha sido la vuelta al cole en esta nueva normalidad por la que transitamos?

Con mucha incertidumbre, pero porque estamos en una especie de burbuja universal donde hay tanta información que se convierte en desinformación. Creo que ha faltado una comunicación veraz, real, sin mentir a las familias y al profesorado. Los maestros, las maestras, los equipos directivos están siendo muy valientes, están afrontando la situación con mucha valentía y muchas veces solos.

Los docentes no somos sanitarios, no somos médicos, no hemos realizados estudios en prevención de riesgos laborales, no somos expertos en virus y, en cambio, estamos ahí dando una respuesta. Ha habido demasiada desinformación y sobre todo la información ha llegado tarde y ha llegado mal. En seis meses las comunidades autónomas han tenido tiempo para revisar los colegios, para realizar planes porque yo creo que se sabía que esta era la situación que íbamos a tener, o por lo menos se podía intuir.

Estoy segura de que Daniel Martín ha motivado a muchísimos niños y niñas y ha despertado a más de un adulto. Escuchándolo mientras “libera cuentos” que suben como pompas de jabón hasta tocar las nubes, recuerdo la frase del escritor Joaquín Nieto cuando decía: “¡Qué pena que todos los escritores no fueran maestros!”

Enseñar contando una historia inspirada en la propia vida, con todos sus matices, sin moraleja ni final edulcorado porque los niños y niñas deben saber que no siempre “vivieron felices y comieron perdices”. Su curiosidad y aguda intuición merecen que les ofrezcamos las herramientas adecuadas para fabricar sus propios sueños y enseñanzas.

Fotos y vídeo: Aportados por Daniel Martín

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