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viernes, 7 octubre 2022

Materia prima

Siempre le molestó la gente que llevaba la ropa sin orden alguno. ¡Estilo informal se dice ahora, sandeces!, decía para sí a regañadientes cuando alguna de sus clientes traspasaba la puerta de la boutique con el vestido arrugado.

Las peores eran las que se creían vestir a la última moda y aparecían disfrazadas de multicolores y con tallas tres veces más grandes, haciendo que las piezas de ropa les colgaran como pieles de serpientes sintéticas.

No lo soportaba. Era superior a su ánimo y a sus fuerzas. Tres años estudiando Corte y Confección en las mejoras escuelas de diseño y otros tantos de prácticas con las mejores modistas de Londres y París no la habían preparado para sucumbir a la miseria de abrir una boutique de medio pelo en el centro de la ciudad, pagando un alquiler desorbitado, sin apenas clientela que mereciera la pena y con las facturas comiéndole la moral.

Hacía semanas que la idea le rondaba la cabeza. Debía hacer algo. Lo intentaría en alguna de las grandes firmas de moda independiente de la capital. Contaba con el talento y el impulso necesario. Quizá ya estaba un poco vieja para competir con las más jóvenes que utilizaban el plástico, el corcho y el papel reciclado para sus creaciones. Pero, ¿quién carajo quiere vestir su cuerpo con asquerosos trocitos de botellas de plástico? ¡Por favor, qué poco glamour! No daba crédito al nivel de histrionismo al que había llegado el mundo de la moda.

No por ahí no iba el futuro y ella lo presentía hacía años. El futuro del negocio necesitaba de nuevas telas más en consonancia con el mundo actual, que hiciera a la persona que se vestía con ellas se sintiera más integrada en el medio, más feliz, más humana. Sí, eso era: un tejido que convirtiera a sus clientes en las personas más felices y bellas del mundo.

Licencia gratis Pixabay
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Enseguida lo vio claro. Si quieres estar fusionada con la naturaleza, si quieres ser la más feliz de las criaturas del mundo, esta es tu línea de ropa.

En su cabeza ya tenía confeccionada la campaña de publicidad, ya había diseñado la primera colección de primavera-verano e incluso había comenzado a pertrechar una colección exclusiva para los más pequeños de la casa.

Se sentía exultante, con energías renovadas. Aquello sí que iba a ser un boom, un alarde de inteligencia, tecnología y emoción aplicada al mundo de la moda.

Ya se veía presentando sus colecciones en las principales pasarelas del mundo. Londres, París, Berlín, Nueva York…. Crearía unas telas tan excepcionales que se convertirían en auténticas obras de arte.

Lo vio todo claro cuando aquella pija sin escrúpulos cruzó el umbral de la boutique. ¡Cómo podía llevar un abrigo de piel de zorro cubriendo un ceñido suéter lleno de pelos de gato! No, aquello era el colmo de la insensatez. Una falta de respeto hacia ella, hacia los animales y hacia la moda. Y entonces lo vio todo perfectamente nítido, trasparente. Fue casi una revelación.

Se puso los guantes y empujó el cuerpo de la mujer en el bidón con formol. Pronto podría ponerse a trabajar.

Desde que estuviera preparada la materia prima.

Imagenes Portada e interior: Licencia gratis Pixabay

Josefa Molina Rodríguez
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2 COMENTARIOS

  1. ¡Qué bueno!
    Y tétrico también.
    Un gran relato que acaba con un fuerte escalofrío.
    Genial.
    ¡Felicidades!
    Nieves

Los comentarios están cerrados.

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