Un coloso se hace añicos

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Un gigante se ha desmoronado y su caída ha sido estrepitosa. Les sonará y mucho porque ha sido un gran turoperador. Se llama Thomas Cook y era el más antiguo y, hasta hace nada, el segundo más grande del mundo. 178 años de historia se volatilizaron en un día, después de que la empresa británica sufriera un deterioro en sus cuentas que duró un año y medio. Según la agencia Reuters, la compañía ha dejado varados a 600.000 clientes en distintos destinos de todo el mundo.

«La quiebra de este operador británico supone un duro golpe al sector turístico español»

El turoperador que emplea a 22.000 personas (9.000 en el Reino Unido), según cuenta el periódico El País, se vio obligado a pedir la “liquidación obligatoria”, y la Autoridad británica de Aviación Civil (CAA) informaba de que Thomas Cook «ha cesado todas sus operaciones con efecto inmediato». Las llamadas negociaciones de emergencia llevadas a cabo con su principal accionista, el grupo inversor chino Fosun, y sus acreedores para una inyección de capital que le permitiese seguir operando finalmente fracasaron.

Foto del diario Los Andes

No quisiera estar en la piel de los turistas, y mucho menos en la de los trabajadores y directivos de esta empresa. Los sentimientos de frustración y hasta de incredulidad deben de estar atormentando a todos los implicados en esta hecatombe en el sector turístico. En un comunicado, el consejero delegado de Thomas Cook, Peter Fankhauser, pedía “perdón a nuestros millones de clientes, miles de empleados y socios que nos han apoyado durante tantos años».

«No fueron capaces de adaptarse a los nuevos hábitos de los viajeros»

Según los medios de comunicación, la quiebra de este operador británico, por cierto, inventor del paquete todo incluido, supone un duro golpe al sector turístico español. Con medio centenar de hoteles en Baleares, Canarias y la Península (11.500 habitaciones), España era el principal destino de los clientes de Thomas Cook. Se dice que no fueron capaces de adaptarse a los nuevos hábitos de los viajeros y quizás sea así, lo cierto es que el Gobierno de Boris Johnson se ha visto obligado a poner en marcha un programa de repatriación (operación Matterhorn) para los 150.000 británicos y viajeros procedentes de Reino Unido a los que la quiebra ha sorprendido de vacaciones, lo que supone la mayor operación de repatriación en tiempos de paz. Indiscutiblemente, el coloso se hizo añicos y sus trozos navegan en un mar de incertidumbre.

Comentario: Belkys Rodríguez Blanco

Fotos de: Diario Los Andes y El País

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